En su espacio de Promoción de la Lectura, nuestra querida columnista la Profesora Magíster en Educación, Laila Daitter pudo entrevistar al Profesor y Comunicador Social, jubilado ya de sus funciones, Claudio Luis Solana. Señaló que sigue los pasos por la carrera a la que definió como una pasión, desde los 20 años, edad desde la que pasó por medios de comunicación como la radio, la gráfica y la televisión, llevando en forma paralela la grata tarea de la docencia.

“Lo que me enseñaron esas casi cuatro décadas trabajando con gente joven a la que le interesaba comunicar a través de su voz, aprendí que, para poder enseñarles a hablar, a ser locutores, tenia que conocer la personalidad de ellos; y como en la voz esta la personalidad, no puedo decir un porcentaje exacto, pero no se puede disimular la personalidad a través de la voz. Entonces comprendí que, si quería educar la voz de una persona, tenia que educar la personalidad, no cambiarla, sino hacer que sepa usar esa herramienta para comunicar que es la voz, para poder llegar al otro, para poder hacerle llegar algo a esa persona que está del otro lado del parlante, a la audiencia”.

Durante la charla, Solana nos cuenta que, como parte de su desarrollo profesional, la docencia lo llevó a plasmar en libros de su autoría todos los conocimientos y técnicas que fue descubriendo y aplicando con el correr de los años en la formación como comunicadores de sus alumnos. En esta ocasión, hacemos mención al título recomendado por el propio escritor El culto a la personalidad en los medios de comunicación social”.

“En este libro vuelvo un poco la experiencia laboral vivida tanto en radio, televisión como diario. El publico tiene una cierta veneración, un cierto culto, hacia las personas que trabajan en un medio de comunicación. De pronto pueden endiosar a una figura del medio como la pueden denostar, es decir que siempre hay una reacción, en uno u otro sentido, del publico hacia el comunicador”.

“El comunicador es siempre una persona de carácter público, y su público puede amarlo u odiarlo”, concluyó.

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