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22 septiembre, 2020
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Coronavirus en Tigre: cómo es el día a día en el geriátrico donde los empleados se aislaron con los abuelos para evitar contagios

Dueños y trabajadores del asilo San José, de Don Torcuato, viven la cuarentena junto a los 50 internados. Una alarma indica cuando deben lavarse las manos y organizan actividades todos los días.

Al personal de la Clínica Geriátrica San José, de Don Torcuato (Tigre), los une la lucha contra la pandemia y el espíritu altruista. La dueña del instituto, Rossana Di Fabbio, y nueve profesionales de la salud están cumpliendo la cuarentena dentro del centro que alberga a 50 adultos mayores. A pulmón, los asisten con cuidado ya que, en esta época, son los más vulnerables frente al coronavirus.

Son las seis de la mañana. La luz del sol entra por los ventanales del asilo ubicado en Arata 1555. Las enfermeras despiertan en colchones apoyados en el piso del gimnasio. Con barbijos, guantes y máscaras se preparan para la jornada laboral de 16 horas. Pero antes, liberan el espacio porque, en poco tiempo, el kinesiólogo atenderá a los pacientes para mantenerlos activos y saludables.

 

En el comedor, la directora Rossanna Di Fabbio, quien cambió su look por el ambo médico, prepara el desayuno junto a su hermana, Romina, y su pareja, Ignacio Leguizamón. “Les pedí que se vinieran a vivir acá porque cuento con la mitad del personal. Estamos agotados, pero felices. No lo vemos como un trabajo, sino como una oportunidad para dar amor”, explicó Rossanna, que desde que tiene uso de razón camina los pasillos del instituto, que en 1972 levantaron sus padres, Bruno Di Fabbio (81) y Emy Loria (76).

Los abuelos de un geriátrico pasan el aislamiento junto al personal de salud

 

“Desde hace 15 años que estoy a cargo. Pasé más horas acá que en cualquier otro lugar. En mi infancia, vivíamos en la casa contigua porque papá quería estar al servicio las 24 horas”, detalló la mujer de 47 años que nunca imaginó que pasaría tantos días durmiendo dentro de la institución.

 
Juegos. Todas las tardes, los trabajadores del centro organizan actividades recreativas para que los 50 pacientes olviden la angustia que genera el aislamiento.

Juegos. Todas las tardes, los trabajadores del centro organizan actividades recreativas para que los 50 pacientes olviden la angustia que genera el aislamiento.

Con el aislamiento, los trabajadores intentan que no se noten los cambios: festejaron La Pascua, hicieron un asado y mantienen las actividades de la tarde. Después de los ejercicios físicos con el kinesiólogo, un plato de comida y la siesta, fabrican manualidades y dibujan. También cantan y bailan baladas, prueban suerte en el bingo, quienes quieren rezan en el patio y ven películas.

 

El geriátrico donde todo el personal se aisló junto a los abuelos

 

“Nos están cuidando mucho. Se están sacrificando por nosotros”, afirma Rosario García, una de las abuelas que habita en el espacio hace un año. Junto a sus compañeros, disfruta del spa que organizan dos veces por semana: a las mujeres les hacen la manicura, las depilan y las tiñen; y a los hombres les cortan las uñas y el pelo.

Sin embargo, algunas cuestiones indudablemente se alteraron. Una campana suena a cada hora, como recordatorio para baldear con lavandina los espacios y lavarse las manos con agua y jabón. Además, usan un pulverizador para desinfectar la mercadería y la ropa de los profesionales de la salud (kinesiólogo, psicomotricistas y traumatólogos), que se turnan para asistir cada dos días.

Familia. Rossanna Di Fabbio (derecha) junto a su hermana y su pareja, están viviendo en el centro para cuidar a los pacientes.

Familia. Rossanna Di Fabbio (derecha) junto a su hermana y su pareja, están viviendo en el centro para cuidar a los pacientes.

“Tenemos a cargo al grupo etario más vulnerable de la sociedad. Desde el momento en que decidimos quedarnos acá por el aislamiento, tomamos los recaudos necesarios para no exponerlos“, afirmó Rossanna Di Fabbio.

Como los abuelos extrañan el contacto físico con sus parientes, las enfermeras los ayudan, con paciencia, a hacer videollamadas. Incluso les genera risa que haya quienes no comprenden cómo sus hijos y nietos habitan dentro de las pantallas.

Postal. Una de las abuelas del geriátrico, que está hace 48 años en Tigre, quien recibe ayuda de una enfermera para hablar con su familia durante el aislamiento.

Postal. Una de las abuelas del geriátrico, que está hace 48 años en Tigre, quien recibe ayuda de una enfermera para hablar con su familia durante el aislamiento.

Los dueños y el personal de la Clínica Geriátrica San José, que dejaron su hogar para pasar allí la cuarentena, obtienen los ánimos de la tranquilidad y el agradecimiento que manifiestan los pacientes y sus familiares. “Por suerte, todos nos sentimos en casa”, concuerdan.

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