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VIEJISMO Y VIOLENCIA DE GÉNERO: CASI EL 16% DE LOS FEMICIDIOS EN ARGENTINA SON DE ADULTAS MAYORES

¿Por qué el reclamo de #NiUnaMenos también debe abrazar a las viejas? Conocé las cifras oficiales de la Corte Suprema sobre femicidios en la vejez y el desgarrador silencio que rodea a las adultas mayores.

Mirian Blanchard
Por: Mirian Blanchard 04 de junio de 2026

Al terminar la jornada de este 3 de junio, una fecha grabada en la memoria colectiva de nuestro país como el día en que salimos a las calles a gritar #NiUnaMenos, se vuelve imprescindible hacer una pausa. A 11 años de aquella primera movilización histórica, desde Vivir Plenamente necesitamos encender las alarmas sobre una realidad que sigue ocurriendo en un silencio profundo, casi invisible: el femicidio de las mujeres mayores.

Cuando se habla de violencia de género, el imaginario social suele pensar inmediatamente en mujeres jóvenes. Sin embargo, el viejismo y los estereotipos nos hacen olvidar que la violencia no tiene edad. Las adultas mayores enfrentan una vulnerabilidad extrema, muchas veces atrapadas en contextos de abuso que arrastran durante décadas, o desprotegidas ante su propio entorno familiar.

Los datos oficiales de la Justicia nos obligan a abrir los ojos:

  • En Argentina: El reciente informe del Registro Nacional de Femicidios de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) revela que, de las víctimas directas registradas, el 16% tenía 60 años o más. Esto significa que casi 2 de cada 10 mujeres asesinadas en contextos de violencia de género son adultas mayores. Asimismo, las estadísticas históricas de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) reflejan que, en nuestro país, una mujer mayor es víctima de femicidio cada 12 días. (Fuente: CSJN)

  • En Latinoamérica: La región presenta una de las tasas más altas de violencia de género del mundo. Los informes regionales de la CEPAL advierten que las mujeres mayores sufren una doble discriminación: por género y por edad. En la gran mayoría de los casos a nivel continental, los agresores no son desconocidos, sino sus parejas de toda la vida, sus exparejas o, con alarmante frecuencia en esta etapa vital, sus propios hijos o cuidadores directos.

Bajo este escenario, la vivienda —ese lugar que debería ser un refugio seguro— se convierte en el espacio más peligroso: casi el 78% de los ataques ocurren dentro de los hogares. Para una mujer mayor, denunciar es muchísimo más difícil. El miedo al desamparo económico, la dependencia física, el aislamiento digital y la vergüenza familiar confluyen para que la inmensa mayoría sufra esta violencia letal fuera del radar del Estado.

No podemos dejar de mencionar que, mientras nuestras mujeres e infancias siguen siendo asesinadas por familiares o conocidos —como el doloroso caso de la pequeña Agostina Vega—, a menudo se entrecruzan intereses políticos, partidarios y sectoriales que desvirtúan el reclamo. Es doloroso ver cómo se introducen consignas ajenas al dolor legítimo, generando divisiones en una causa que debería encontrarnos a todos unidos bajo la misma bandera: #NiUnaMenos. Lamentablemente, caemos en la trampa ideológica donde incluso quienes levantan la voz por unas víctimas callan por otras, simplemente por no estar paradas en la misma vereda de pensamiento. La violencia no tiene partido político, y la justicia tampoco debería tenerlo.

Por eso, desde nuestro espacio impulsamos que cada 3 de junio las incluya activamente. Necesitamos alzar la voz también por ellas. Es frecuente ver en las marchas a mujeres de más de 60 años sosteniendo con firmeza sus pancartas; lo hacen porque no quieren seguir llorando a sus nietas, sobrinas o vecinas, pero también lo hacen por sus propias historias, muchas veces marcadas por el silencio y la vergüenza de abusos que en el pasado estaban normalizados.

Marchamos por las que no pudieron pedir ayuda, por las que cuidaron a generaciones enteras y terminaron desprotegidas, y por el derecho inalienable de todas a envejecer en paz, con dignidad y libres de violencia. Garantizar el buen trato en la vejez no es un tema menor: es una urgencia humanitaria y ciudadana. 💜